Tenía 54 años. Divorciado. Vivía en un apartamento de 58 metros con un colchón en el suelo.
Una tarde pasé frente a un escaparate. Vi a un hombre viejo en el cristal.
Era yo.
"No beber cada día.
Caminar cada día.
No morir antes que mi padre."
Esa noche escribí tres reglas en un cuaderno.
No objetivos. No sueños.
Solo reglas para sobrevivir.
8 meses después, apenas reconocía
al hombre del espejo.
Este programa es todo lo que hice.
Nada más. Nada menos.